La Industria Química y su papel en el Green Deal, retos y oportunidades

La Industria Química y su papel en el Green Deal, retos y oportunidades

¿Cómo contribuye el sector químico al Green Deal?

El Pacto Verde Europeo (Green Deal) se presentó como la hoja de ruta para transformar la UE en una sociedad justa y próspera, con una economía moderna, competitiva y eficiente en el uso de los recursos. Sin embargo, a medida que avanzamos en su implementación, surge una pregunta fundamental en el sector: ¿es la sostenibilidad un motor de innovación o una barrera burocrática que está acelerando la desindustrialización de Europa?

 Un contexto alarmante: la industria en retroceso

La industria química europea atraviesa un momento de extrema debilidad. Los datos son reveladores: la capacidad instalada en el sector ha disminuido un 9% en 2025. Grandes conglomerados ya han iniciado el cierre de fábricas en suelo europeo para reubicar su producción en Asia, donde los costes energéticos y regulatorios son mucho menores.

Este fenómeno no es aislado. En la reciente Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC), se ha puesto de manifiesto una tendencia preocupante: los presidentes de las grandes empresas europeas están invirtiendo en China en lugar de hacerlo en Europa. El factor determinante es, una vez más, el coste de la energía.

El problema energético y la burocracia

Durante mucho tiempo, se ha argumentado que el problema de la industria química europea es el precio de la energía. Si bien es cierto que se trata de un factor estructural, expertos reconocidos como Marcus Kamieth, presidente de Cefic, señalan que la situación es más compleja: El problema de la debilidad de la industria química europea es por culpa de Europa.

La percepción creciente es que Bruselas se ha convertido en un “nido de burocracia”. La prioridad institucional parece centrarse en la creación de una arquitectura regulatoria excesivamente compleja en lugar de en garantizar un entorno donde las empresas puedan prosperar. Existe una sensación de incertidumbre legal permanente sobre lo que las empresas pueden o no pueden hacer para producir en Europa.

El Green Deal y la Omnibus

En este contexto, el Green Deal, bajo la filosofía de protección del ecosistema, está generando una estructura normativa que, en la práctica, está dificultando la actividad industrial. Con la excusa de la sostenibilidad, se está creando una arquitectura burocrática que asfixia la producción.

Un ejemplo claro es la denominada propuesta Omnibus VI, presentada por la Comisión Europea en julio de 2025. Se trata de un conjunto de modificaciones legislativas que agrupan varias leyes y reglamentos. El objetivo principal de esta iniciativa es equilibrar la reducción de trámites administrativos para empresas, mientras se mantienen los elevados estándares europeos de protección a consumidores y medio ambiente

La paradoja es evidente: Europa, que ya es una de las regiones más sostenibles del mundo, impone regulaciones que dificultan que su propia industria compita frente a productores extranjeros con estándares ambientales mucho más laxos. El resultado es que los productos que contaminan y son de gran volumen terminan produciéndose fuera de nuestras fronteras, exportando la contaminación en lugar de solucionarla.

El papel del distribuidor: un eslabón clave

En este escenario, el distribuidor químico se encuentra en una posición de creciente complejidad. Su función tradicional como intermediario que conecta la producción con la demanda industrial se ve tensionada por dos fuerzas opuestas: por un lado, su compromiso histórico con la industria productiva europea; por otro, la obligación comercial de garantizar el suministro a sus clientes.

Cuando un productor europeo anuncia el cierre de instalaciones o reduce su capacidad, el distribuidor debe actuar rápidamente para mantener el servicio. En la práctica, esto significa buscar proveedores alternativos, muy frecuentemente fuera de Europa. Según datos de Cefic (2025), China ya concentra el 46% de las ventas mundiales de productos químicos, mientras que la UE ha descendido al 13%. Este desplazamiento geográfico de la producción no es casualidad: responde a costes energéticos más bajos y un entorno regulatorio menos restrictivo.

El resultado es una dinámica que debilita progresivamente la cadena de valor europea. Si Europa no produce, el distribuidor importa. Es una lógica de mercado comprensible desde el punto de vista del servicio al cliente, pero que a largo plazo erosiona el tejido industrial europeo: cada vez que un distribuidor sustituye un proveedor europeo por uno asiático, se pierde capacidad productiva, conocimiento tecnológico y empleo en nuestro continente. Como indica FECC (European Association of Chemical Distributors), el sector de la distribución química es de importancia crucial para la economía europea precisamente porque crea valor en la cadena de suministro química. Sin embargo, esa capacidad de crear valor se ve amenazada si la base productiva que debe distribuir desaparece.

 

 

 

La competencia global: EE.UU. y China

No se puede analizar el Green Deal sin mirar al otro lado del océano. La política industrial de Estados Unidos, con medidas agresivas de apoyo a su tejido productivo, contrasta con la aproximación europea centrada en la regulación restrictiva.

Mientras Europa debate normativas, el mercado de productos de alto valor añadido y alta tecnología está siendo liderado por China y Estados Unidos. El caso del automóvil eléctrico es paradigmático: la batalla por la movilidad sostenible la está ganando China. Los coches eléctricos chinos son la mitad de caros que los europeos y ofrecen mayor autonomía, lo que pone en evidencia que las buenas intenciones del Green Deal no se están traduciendo en competitividad industrial.

Llamada a la acción: sostenibilidad y supervivencia

En AECQ creemos que hay que estirar el hilo de este contexto. Nos preocupa el medio ambiente, pero también nos preocupa la supervivencia de la industria química. Ambos objetivos no deberían ser contradictorios, sino complementarios.

Si no actuamos ahora, la producción de materias primas en Europa habrá desaparecido cuando sea demasiado tarde para recuperarla. Es necesario un cambio de enfoque que permita al sector químico europeo ser el motor real de la transición ecológica, no la víctima de una burocracia mal entendida. La sostenibilidad no puede ser sinónimo de desindustrialización.